Ártico

… y el comportamiento de los osos polares como icono del cambio climático

En la línea de nuestro constante compromiso con la sostenibilidad y la preocupación por el medio ambiente, Vencafesa ha participado en un viaje de expedición al Ártico canadiense para estudiar la repercusión que tiene el cambio climático en el comportamiento de los osos polares. Este viaje a una zona tan remota del planeta, cuya búsqueda de un paso entre el Atlántico y el Pacífico costó la vida a tantos exploradores, ha sido posible gracias a la compañía Swan Hellenic y su buque SH Vega.

Expediciones fallidas

Antes de la pequeña edad de hielo que asoló parte de la Edad Media, los vikingos en sus expediciones de caza y comercio con los inuits que ya habitaban la región, habrían navegado hacia el oeste partiendo desde sus asentamientos en Groenlandia. En aquella época, el nivel del mar en el Ártico era diferente al de nuestros días. Debido al rebote postglacial, los niveles actuales de las tierras costeras han aumentado más de 20 metros en los siglos transcurridos desde los vikingos. Ya en plena “época de los descubrimientos”, las rutas marítimas más propicias entre Europa y Extremo Oriente debían bordear por el sur América o África, pero ambas estaban controladas durante el siglo XVI por las armadas de España y Portugal respectivamente.

La expedición perdida de Franklin

La llamada “expedición perdida de Franklin” fue un viaje fallido de exploración británica del Ártico, dirigido por el capitán sir John Franklin, que partió de Inglaterra en 1845, ya en pleno siglo XIX. Franklin era un oficial de la Armada Real que había participado anteriormente en tres expediciones árticas, las dos últimas como comandante en jefe.

Al partir en su cuarta y última expedición tenía ya 59 años, y su objetivo era atravesar el último tramo del Paso del Noroeste, aún inexplorado. Franklin y los 128 miembros de la tripulación que partieron a bordo de los buques Erebus y Terror (encontrados respectivamente en 2014 y 2016), murieron al quedar estos atrapados en el hielo del estrecho Victoria, cerca de la Isla del Rey Guillermo, en el Ártico canadiense. Presionado por la esposa de Franklin y por los familiares de los demás desaparecidos, el Almirantazgo inició en 1848 la búsqueda de la “expedición perdida”, participando hasta un total de once barcos británicos y dos estadounidenses alrededor de 1850, incentivados por la recompensa ofrecida: 20.000 libras esterlinas.

Durante los 150 años siguientes otras expediciones, exploradores y científicos han intentado reunir las piezas de lo que ocurrió a partir de este momento.

A los 59 años, John Franklin emprendió su última expedición para explorar el Paso del Noroeste, pero él y sus 128 hombres murieron tras quedar atrapados en el hielo del Ártico. Su desaparición dio lugar a una gran operación de búsqueda internacional impulsada por el Almirantazgo británico.